Friday, May 21, 2010

Dibújame un cordero...

Es lo que le pidió un wey bien raro a Antoine de Saint-Exupéry después de un avionazo en pleno desierto. Obviamente el afamado narrador mentó madres ante tal petición y con toda razón si tenemos en cuenta el fracaso artístico de su pretérita "Boa Tragándose un Elefante" (o algo así creo recordar).

A mi no me pidieron algo tan elegante y tampoco fué un alienígena de pelos güeros. Pero si una psicóloga algo pasada de peso en una entrevista de trabajo.

En aquellos días estaba harto de no encontrar trabajo así que decidí no ponerme tan exigente, lo que necesitaba era un ingreso suficiente para hacer mi curso. Y fué así como decidí asistir a la entrevista de "Administrador de Kárdex", que diablos es eso?. Hasta la fecha lo ignoro.

La entrevista fué bastante escueta y fácil y pronto me dijo la psicóloga que el trabajo era mío si quería. Si! si quería.

Pero creo que me apresuré a contestar o ella a tirar el anzuelo porque después me dió mas información sobre lo que me esperaba y es que no contaba con la avaricia desmedida de los empresarios mexicanos.

Un amable lugar en Tlanepantla con 7 horas de turno en las noches mas horas extras, una paga que no me daba ni para los transportes y "grandes oportunidades de crecimiento!": Una basura. Pero ya había dicho que sí y eso de retractarse era bien feo, ya lo había hecho una vez y me hicieron sentir como mugre.

Así que recurrí a un plan infalible, algo que no podía fallar pues faltaba, mas que una prueba, un formalismo para ser sortear a RH. Había que dibujar dos monitos, un hombre y una mujer con todo y su historia. Así que ahí tenía que dar mi golpe maestro y aunque con el tiempo he olvidado bastante de cuanto puse la historia era mas o menos así:

Edilson:

(Si, se llamaba así) "Edilson era un joven prometedor y muy alegre que vivía con sus mascotas y su sueño era trabajar de domador de leones en un circo. Un buen día le ofrecieron el trabajo y parecía que sus sueños se hacían realidad!.

Solo que una oscura noche de invierno, durante una función un León le arrancó la mano y el pobre de Edilson quedó desangrándose tirado sobre su propio charco de sangre en la pista de la carpa principal.

Mucho tiempo y grandes dosis de horrible dolor le tomaron a Edilson volver a ponerse en pié y cuando lo hizo (Con un garfio de hierro por mano derecha) lo primero que hizo fué regresar al circo a la jaula de los leones; buscó un gran contenedor de Diesel y se bañó con el y con el al feróz león que le había arrancado la mano. Una vez hecho esto se prendió fuego junto con su mortal enemigo y en medio de desgarradores gritos de agonía murieron los dos calcinados".


La Demoledora:

"Eréndida Urrutia era una luchadora de 200kg de peso el mayor orgullo de la colonia Cerro de la Estrella. Ex-policía judicial dada de baja por homicidio imprudencial nadie podía abatirla en la arena y era conocida por todos con el nombre de la Demoledora. Se dice que había matado a golpes a su propio hijo con una llave inglesa por no cooperar para el gas.

Ella era el terror de las demás luchadoras, excepto por la "Monja", temible gladiadora del asfalto, su arma era un rosario de hierro con púas en lugar de cuentas. Solía desfigurar a sus contrincantes con su látigo mortal.

Un buen día ambas luchadoras se encontraron en la arena y en el gran final La Monja aplicó una poderosísima llave a la Demoledora rompiendo en dos su columna vertebral y dejándola paralítica de por vida.

Tiempo después la Monja fué recluída en el Penal de Santa Martha por asalto a mano armada. El tiempo pasó y un buen día la Demoledora y ella se encontraron en una pulquería, ambas iban armadas y se bañaron en plomo durante el fuego cruzado callendo fulminadas en el acto".

Si hubo un acto heróico en eso, sin lugar a dudas fué aguantarme la risa cuando la psicóloga recogió los papeles y vió los dibujos:



Desafortunadamente el de Edilson no lo recuerdo muy bien, el de la demoledora es una copia que hice para una amiga que me es tuvo insistiendo en que la dibujara.

Así que la licenciada enmudeció al ver los dibujos, los cuáles miraba alternativamente una y otra vez. Luego ávida se puso a leer las historias, guardó otro minuto de silencio y yo a un paso de ahogarme por la risa contenida.

Se apresuró a despedirme y nunca mas me volvieron a hablar.

Tiempo después alguien con mas sentido común me dijo que hubiera bastado con rechazar el trabajo cortésmente un dia después. Pero ya era demasiado tarde.

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